El Xeneize tuvo una noche muy triste en Brasil: Santos lo goleó 3-0 y se metió en la final de la Copa. Además, Fabra fue expulsado.

No tiene fin la tristeza de todo Boca. No tiene fin porque le quedó muy grande la semifinal ante un Santos decidido y voraz. No tiene fin la bronca porque la despedida fue de la peor manera: sin reacción, sin iniciativa, sin juego y con uno menos. No tiene fin el desconsuelo porque con la eliminación de River todavía fresca, Boca dejó ir la invaluable oportunidad de estar en una nueva final. No tiene fin la frustración porque la séptima Copa Libertadores se sigue escapando con el pasar de las ediciones y 2007 va quedando muy lejos. Lo que sí tuvo un fin infeliz fue una nueva ilusión copera de Boca, que se fue goleado 3-0 (y pudo haber sido por más) de San Pablo.

No hubo respuestas sobre el césped, pero tampoco soluciones desde el banco con un Miguel Russo que decidió no incluir a Cardona ni ante la desventaja en el marcador. Ahora, le queda el consuelo de poder sumar una nueva estrella local si le gana a Banfield la final de la Copa Diego Maradona. Pero nada tapará esta caída durísima que permitirá una final brasileña entre Santos y Palmeiras en Río de Janeiro.

El palo derecho de Esteban Andrada quedó temblando antes del minuto nomás por el zurdazo de Marinho. Fue un adelanto de lo que Santos iba a proponer en el área de Boca en la húmeda tarde-noche brasileña.

El conjunto argentino se vio muy pronto superado tácticamente por un rival decidido a imponerse en su estadio, el Vila Belmiro, allí donde Boca nunca había jugado por partidos oficiales (apenas un par de amistosos). La movilidad de Marinho y la destreza de Soteldo, esas eran las cosas que le provocaban dolores de cabeza al visitante, al que le costaba pesar de mitad de cancha hacia adelante.