Las fiestas clandestinas cada vez son menos clandestinas

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Las redes sociales, preferentemente Instagram, son utilizadas para «ofertar» un lugar en fiestas privadas. Ese lugar privilegiado tiene su costo, ser parte de «la clande» como le dicen tiene su valor monetario. El lugar elegido, un campo en las afueras de la ciudad, lugares cerrados o un patio de importantes dimensiones en barrios de poco tránsito.
Todo se prepara, se concibe con la idea de divertirse, pero la adrenalina está puesta en la idea de transgredir, de vulnerar controles, de romper reglas, sin importar las consecuencias, sean estos contagios o muertes.
Las fiestas transcurren, se hacen, se saben. Algunas son intervenidas por la fuerza policial, otras en cambio se desarrollan con normalidad, sin ser molestados, son precisamente esas que tienen un alto costo de ingreso.
Un personaje de la ciudad, se encargó de idiotizar a parte de los jóvenes de la ciudad y les supo vender la idea que participar de «sus fiestas» es lo más. Muchos de esos pibes creen tener cierta jerarquía social por mostrarse junto al personaje ese, el cual ya evidenció al menos dos groseras transgresiones a la cuarentena y a los protocolos vigentes. La policía y la justicia aparentemente solo le habrían iniciado acciones administrativas. Es decir, nada.
La policía solicitó a la comunidad denunciar este tipo de eventos, pero la prevención es la que debe primar en estos casos. Actuar antes y después. Explorar las redes sociales es simplemente lo que deberían hacer algunos informáticos policiales o judiciales. Con ello, lograrían acceder a información de esos encuentros que se publican por un par de horas y luego se eliminan para no dejar evidencias. Esa es la metodología que usan para invitar o captar jóvenes para los encuentros clandestinos.
No hacen falta agentes de inteligencia ni agentes especiales solo hace falta decisión de terminar con este tipo de actividades ilegales. Otro tema importante es mirar hacia adentro de la institución para ver quién o quiénes, enterados de las clandestinas, harían la vista gorda.
El Covid se andan llevando a los más jóvenes últimamente. Es obligación del estado cuidar a todos, pero es obligación de cada uno respetar los protocolos vigentes. Es deber y responsabilidad de la justicia y la policía hacer que paguen quienes las transgreden.